La biomasa como combustible renovable para la calefacción
La biomasa vegetal es la materia constituida por las plantas. La energía que contiene es energía solar almacenada durante el crecimiento por medio de la fotosíntesis. Por esta razón, la biomasa, si es utilizada dentro de un ciclo continuo de producción-utilización, constituye un recurso energético renovable y respetuoso con el medio ambiente.
Quemando gas o gasóleo para la calefacción, se transfiere y se acumula en la atmósfera carbono extraído del subsuelo profundo, alimentando así el efecto invernadero. Por el contrario, la combustión de biomasa no contribuye de ninguna manera al efecto invernadero, porque el carbono que se libera quemando la madera procede de la atmósfera misma y no del subsuelo.
Actualmente, la contribución de la biomasa a la necesidad de energía primaria está muy por debajo del potencial disponible, y se produce fundamentalmente por la utilización de leña para quemar en chimeneas y estufas, a menudo obsoletas y poco eficaces. No obstante, las tecnologías para la utilización de combustibles vegetales en sistemas de calefacción han experimentado un gran desarrollo en los últimos años y han alcanzado niveles de eficiencia, fiabilidad y confort iguales a los de los sistemas tradicionales de gas y de gasóleo.
Calentarse con la biomasa no sólo es beneficioso para el medio ambiente, sino también para el ahorro, porque a igualdad de calor producido, los combustibles vegetales cuestan mucho menos que los fósiles. El siguiente gráfico permite comparar los tres principales combustibles fósiles para calefacción (gasóleo, metano y gases licuados del petróleo -glp-) y los tres principales tipos de biomasa.

La comparación se ha realizado sobre la base del coste de la energía correspondiente a 1 litro de gasóleo (litro-equivalente gasóleo). Se observa de inmediato que el coste de la energía de la biomasa es, en todo los casos, netamente inferior. El ahorro es por lo tanto considerable, y permite en muchos casos una rápida recuperación del capital invertido en el sistema.
Una información más detallada sobre el poder calorífico y sobre los costes indicativos de los diversos combustibles biológicos se puede encontrar en la tabla 1. En ella, la energía de la biomasa se expresa como litro equivalente de gasóleo y glp, y como metro cúbico equivalente de metano.
La primera columna de la tabla refleja los diferentes tipos de combustibles en comparación, divididos en combustibles fósiles y biomasa. La segunda columna cita el poder calorífico neto, esto es, la cantidad neta de energía que se desarrolla de la combustión de 1 Kg. de combustible con su contenido real de agua, en las condiciones reales de utilización de la biomasa. En la tercera columna se cita el coste unitario en €/kg; las dos siguientes columnas, bajo el título común litro equivalente de gasóleo, indican la cantidad de combustible (en kg) necesaria para producir la misma energía que produce 1 litro de gasóleo y el coste de esa cantidad. Siguen dos columnas concernientes al litro equivalente de gas líquido (glp) y dos que citan el metro cúbico equivalente de metano.
La tabla permite comparar los combustibles fósiles y los diferentes tipos de biomasa sobre la base del contenido real de energía. La comparación se ha realizado sobre la base de las cantidades y sobre los costes de la biomasa necesaria para sustituir una cantidad estándar de combustible fósil. Por ejemplo, tomamos en consideración la leña seca para quemar, que tiene un contenido de humedad del 25%. Se puede observar que son necesarios 2,79 Kg. para obtener la misma energía que produce un litro de gasóleo, y que, siendo el precio de la leña para quemar igual a 0,103 €/Kg., el coste de este litro equivalente de gasóleo es igual a 0,29 €, valor aproximadamente de un 65% inferior al coste real del gasóleo, igual a 0,83 €/litro. Análogamente, son necesarios 2,76 Kg. de leña seca para obtener la misma energía que produce 1 m3 de metano, al coste equivalente de 0,28 € contra 0,52 € de un metro cúbico real de metano.